lunes, 19 de diciembre de 2016

Pasos a la proactividad

Todos hemos escuchado hablar de proactividad, y todos hemos querido ser capaces de dejar de lado Candy Crush y empezar a ser esa persona de la que los artículos y la revista Forbes hablan. Pero muchas veces, no tenemos en claro cuáles son las pautas que se deben seguir para llegar a ser un Steven Covey.

Así que vamos a empezar por decir, que un proactivo es aquella persona que, a través de un sentido o talento, logra o es capaz de organizar su tiempo, enfrentar situaciones difíciles desde una perspectiva optimista, y ser dueño de su propia vida.

Pero hablemos de ese primer paso. Porque dentro de los pasos en falso que muchas veces damos, es común confundir el ser “proactivo” con ser “activo”. Pasar todo el día ocupado realizando distintas tareas, o llegar exhausto a la noche, no simboliza haber aprovechado el día.

Lo importante es ser capaz de administrar nuestras tareas según su nivel de prioridad, y para esto, Steven Covey, aconseja dividir nuestras metas en 4 matrices, con grados de prioridad distintos:

Lo “Urgente e Importante”: Requieren atención inmediata, pues van con nuestro propósito laboral.
Lo “No urgente, pero Importante”: Van con nuestro propósito, pero no requieren atención inmediata.
Lo “Urgente, pero no Importante”: Tareas que son urgentes para los demás, pero no van con nuestro propósito.
Lo “No Urgente ni Importante”: Tareas que no son importantes ni urgentes pero que seguimos realizando por costumbre, y muchas veces representan una pérdida de tiempo.

Bajo estas premisas organizaremos nuestras metas, y lo que es todavía más importante, nos aseguraremos de prestarle la atención que amerita cada una, además de asignarles fechas límites a nuestros deberes, esforzándonos para no convertir nada en “urgente e importante”.

Ser proactivo es tener la actitud de controlar nuestra conducta de manera activa y productiva. Y para esto es de suma importancia ser capaz de plantearnos la disciplina de cumplir con nuestras fechas límites, y reflexionar constantemente, cuáles son las tareas que realizamos diariamente, definiendo cuales merecen más de nuestro entusiasmo, y cuales pueden representar una roca en nuestro camino hacia el éxito. 


lunes, 12 de diciembre de 2016

¿Cómo administro mi tiempo libre?

Dentro de nuestro discurso diario, es normal que exclamemos que desearíamos tener más tiempo libre, y cuándo lo tenemos nos encontramos tras la pantalla de nuestro teléfono viendo vídeos de perros bailando salsa con su dueño. Pero dentro de este mismo discurso, también recordamos todo aquello que nos hubiera gustado aprender; hablar italiano, aprender a hacer queso vegano, leer los documentos de Marx, o incluso, algo tan sencillo como pasar más tiempo en familia. En fin, todos somos eruditos víctimas del tiempo.

Pero si reflexionamos sobre nuestro día, son muchos los momentos que quizás sí podríamos utilizar para lo que nos apasiona. Lo que nos falta, como primer paso fundamental – y no por nada es el primer paso – es la organización. Quizás si en lugar de aprovechar que el sábado no trabajamos para acostarnos a las 2:00 am el viernes, podríamos revitalizar nuestro cuerpo acostándonos temprano, y aprovechando así la mañana del sábado para salir a correr, o visitar a un pariente, en lugar de saludar al día cuando ya el sol está planeando esconderse.

Plantéate metas semanales, y mantente pendiente de ellas, así, apenas salga la pregunta en tu cerebro de “¿qué hago en una hora de presa?”, inmediatamente pondrás a reproducir ese audio-libro de “Aprenda a hablar italiano en 3 meses”, en lugar de esperar sacar tiempo para un curso libre.

La organización es el fundamento básico de una persona pro activa. Inclusive llegar al supermercado con una lista básica de lo que necesitas, en lugar de caminar de pasillo en pasillo decidiendo qué comprar, es una excelente manera de ganar tiempo libre, para luego invertirlo de la mejor manera. De allí la importancia de que nos planteemos metas, e inclusive un límite de tiempo para concluir con cada punto de nuestra lista.

Igualmente es importante que seamos capaces de concentrarnos en cada una de las tareas que efectuemos, pues como dicen, “lo difícil es arrancar”, y la energía que gasta nuestro cerebro, empezando la misma tarea una y otra vez, no solo nos agota, sino también que nos roba muchísimo tiempo que podríamos potencializar en tareas productivas.


Así que no se trata de hacer una larga lista de cosas que podrían ser interesantes hacer en nuestro tiempo libre, sino organizarnos en cuáles son las metas que nos queremos trazar, priorizar cada una de estas tareas y dedicarnos a sacar lo mejor de cada momento de nuestras vidas. 

lunes, 5 de diciembre de 2016

Inteligencia Emocional

La mayoría de las personas son buenos en lo que hacen o tienen la teoría suficiente para cumplir con su trabajo pero odian tener que lidiar con personas. Ya sea como servicio al cliente, o con los compañeros de trabajo con una manera diferente de pensar…es un fastidio y una gran razón de estrés, pero no debería serlo. Lamentablemente el manejo de personas es tan importante, que para muchos significa la diferencia entre un ascenso o un despido.  
Hagan memoria. Si trabajan en una compañía, ¿las últimas personas en ser despedidas fue debido únicamente a su desempeño laboral? En la mayoría de los casos no. En nuestra mayoría, hemos aprendido a expandir nuestra inteligencia racional, pero no tenemos inteligencia emocional. Y sin inteligencia emocional todas las entradas de blog anteriores no tienen sentido. Sino las han leído, vayan y ojeen… ¿Correr riesgos? ¿Perseverancia? ¿Dinero? ¿Talento? Imposible, sin inteligencia emocional. 
Entonces, ¿qué es inteligencia emocional? la Inteligencia Emocional es la capacidad de ser conscientes de nuestras emociones en el momento preciso que se experimentan, lo cual se basa en la auto – observación para lograr propiciar un estado reflexivo que le permita a la parte racional del cerebro tomar el control de la emociones y desembocar en un autocontrol emocional. 
Hagamos un ejercicio. Cierre los ojos. Bueno, todavía no. Termine de leer este párrafo y luego cierre los ojos. Vas a ubicar sus emociones en algún punto de su cuerpo. Normalmente yo los ubico en mi estómago. Luego, sienta. ¿Cómo me siento? ¿Estoy feliz, enojado, triste, preocupado…? No intente ignorar esa emoción, sino siéntalo. Ok, ese es todo el ejercicio. Ahora, hágalo. Cierre los ojos… 
Ojalá con el ejercicio pudimos descubrir alguna emoción dentro de nosotros del cual antes no éramos conscientes. Increíble, pero prolongamos este simple ejercicio y lo hacemos con constancia y podemos ver un cambio en nuestra forma de relacionarnos con nuestros familiares, compañeros de trabajo e incluso consigo mismo. ¿Esas explosiones sin sentido de ira? ¿Preocupaciones descontroladas? ¿Emociones de volcán? Chao chao