lunes, 31 de octubre de 2016

Hablemos de perseverancia

¿Sabemos que es la perseverancia? Pues generalmente va más allá de seguir enviando mensajes a quien no nos contesta.
La perseverancia se conoce como la firmeza o la constancia en la manera de ser o de obrar. Y esta virtud, por más secundaria que parezca, no es menos que la clave que ha llevado a cientos de personas exitosas a lograr sus más grandes metas.
Y si no logramos ponernos ante esta idea, recordemos el caso de Walt Disney -a quién no hay que introducir-. En los inicios de su inmortal éxito, Walt Disney era un caricaturista catalogado como “poco creativo o talentoso” y cientos de periódicos cerraron sus puertas ante tal genio, pero a través de la perseverancia, hizo un intento más ante el ministro de una iglesia, quien le solicitó una caricatura para dar nacimiento a la figura más enigmática del mundo animado: Mickey Mouse.
Y de esto podemos deducir, que la perseverancia es lograr mantenernos en la actitud de ser constantes, de esforzarnos, tener fuerza de voluntad y determinación ante cualquier meta que nos planteemos. A lo que nos referimos, es que es muy sencillo tener metas; todos hemos soñado con la dedicación de nuestras vidas, con nuestra casa ideal, nuestro trabajo soñado…pero si no nos dedicamos a dejar de ahorrar esfuerzos en trabajar sobre ellas, esas metas no pasan más allá de ser notas en un papel, o incluso solo en nuestra mente.  
Para quien sigue sus metas, para el perseverante, no existe el “y qué hubiera pasado sí…”, porque ante cualquier meta pone todo su esfuerzo, dedicación y motivación constante hasta lograr su objetivo, o bien -porque es probable también- agotar todas las posibilidades. Y esto puede que no suene muy motivante, pero si logramos ser perseverantes, quizás en ocasiones, no logremos nuestro gran objetivo, pero de seguro tendremos varios triunfos subordinados a la gran meta; sea experiencia, conocimientos, conocer mejor nuestras fortalezas y debilidades…
Adquiramos la capacidad de organizarnos a través de reflexionar nuestros cometidos y definir al máximo detalle nuestra gran meta. Pues ya habiendo elegido la cima a la que queremos llegar, podemos desglosarla en pequeñas partes para conquistar paso a paso nuestro sueño, y así mantenernos motivados.
Y aquí un poco más de motivación: Recompénsate por perseverar. Si logras una pequeña meta, disfruta del triunfo haciendo algo que te gusta; el sabor de esos pequeños éxitos te mantendrán motivado -y por ende será más sencillo ser perseverante- pues el nacimiento de nuestro Mickey Mouse puede estar a la vuelta de la esquina.


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